domingo, 23 de marzo de 2014

D.



Es en momentos como hoy que me doy cuenta que las heridas son testarudas,
que el tiempo no cura y que la memoria no es frágil.
De a pocos, entre el whisky y los cigarros, te imagino escabulléndote en mi piel 
y me gustaría acurrucarme otra vez contigo entre las sábanas.
Te pienso aquí conmigo y tengo la esperanza de que si me finjo dormida
aparecerás con tus libros al otro lado de la habitación.
Y así todas las noches, a oscuras y a tientas, intento escribir
ya no de ti, ya no de tus ojos, ya no de tu piel, ya no de tu espalda;
y como ves, he vuelto a fallar en el intento.