miércoles, 30 de julio de 2014

El auto rojo


Cuando estaba en el colegio mi mejor amiga salía con un chico mucho mayor que ella, lo conoció en el gimnasio al que íbamos.
Se hablaron, salieron, se enamoraron, fueron novios, pasearon en su Yaris rojo y luego - como toda buena historia de amor - llegó a su fin.
La vi llorar, llenarse de ira, la acompañé a ver películas románticas y comer helado de chocolate mientras maldecíamos al amor y a los azares del destino. La consolé y la apoyé en todas sus locuras post-ruptura.
Fueron meses y meses de caminar por la calle y verla sobresaltarse cada vez que un Yaris color rojo pasaba cerca de nosotras. Créanme, si había uno de esos vehículos en un radio de 4km, su corazón roto era capaz de percibirlo.
Nunca pude comprender como es que ella mantenía la esperanza de cruzárselos -no solo al susodicho, sino también al carro- en una ciudad donde hay un vehículo por cada catorce personas. 
- Está completamente chiflada- pensaba en ese momento.

Han pasado los años, mi amiga y yo casi no hablamos pero hoy me acordé de ella y de su chico del auto rojo porque después de tanto tiempo lo entendí.
Ahora comprendo su locura, su demencia, su insanía para nada lógica. 
Lo entiendo porque ahora que te has ido te busco de la misma manera y sigo esperando encontrarte. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario