martes, 2 de noviembre de 2010

otra incompleta.

El siempre dejo la puerta abierta para que ella pudiera pasar; de noche y descalza para que yo no pudiera oírla, para que el viento y el ruido de sus mentiras amilanaran ese estruendoso caminar que dejaba huellas de arena y olor a ceniza en la casa.
Mientras yo dormía a su lado ella se acostaba debajo de la cama para poder observarlo y aunque lo niegue yo se que también la miraba, con el rabillo del ojo, siempre pendiente de que yo no pudiera verlo.

Incompleta.

Ella se fue y así hubiera tenido las facultades para detenerla, no lo hubiera hecho; no lo hice porque no la quería, no la quería como ella hubiera querido ni como a mi me hubiera gustado quererla.

Era hermosa, eso ni yo hubiera podido negarlo, y se que muchos hubieran matado por tan solo rozar un milímetro de su piel o por tenerla tan cerca como yo la tenia todas las noches.

Ella era mia y me amaba, me amaba como yo nunca hubiera podido hacerlo, pero ella siempre se resigno a recibir mis sobras. Sobras de un cariño inexistente, fragmentos de una semilla que ella intento sembrar pero mi alma no hizo mas que mantenerla seca.

No fue su culpa, tal ves la mia, en realidad no lo se